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C.A.D.E.  '79

ESTE PERU DULCE Y CRUEL

Señor General Germán Ruiz Figueroa, Jefe de ORDETAM;

Señor Ingeniero Alberto Sacio León Guevara, Presidente de CADE 79;

Amigas y Amigos todos:

Cumplo con un deber elemental al agradecer en nombre de Tacna el hecho simbólico de que el Instituto Peruano de Administración de Empresas haya escogido por primera vez en 1979 a esta ciudad como sede de su reunión llamada CADE. Son tan obvios como visibles y nobilísimos los motivos para dicha actitud, que creo inútil repetirlos porque vibran en lo más limpio de la conciencia de todos los peruanos aquí reunidos. A quienes en la vigorosa y dinámica entidad llamada IPAE, escogieron a Tacna y a quienes han acudido a esta cita, prestigiándola, puede decírseles con una frase de José Martí: "Honrar, honra".  

La décima octava Conferencia Anual de Ejecutivos tiene especial interés por los difíciles temas que va a discutir, agrupados alrededor del inquietante nombre "Perú: Problemas y Soluciones". La elección de esta sede y las sesiones que hoy empiezan aquí en fecha alejada de la mística y de la liturgia multitudinarias en cada 28 de agosto, implican tácitamente un llamado no al actual sino al próximo Gobierno, a los partidos políticos, a la ciudadanía incluyendo a la misma colectividad tacneña, para que valoricen objetivamente sin retórica, la singularísima importancia histórica, geopolítica y social de Tacna, departamento cuyas fronteras colindan no con uno sino con dos estados, de un modo u otro, relacionados con el Perú a través de mucho tiempo. Es además, el único departamento de nuestra costa que no tiene puerto. De todo lo cual se deduce que si en los verdaderos peruanos, hay o debe haber solidaridad con el drama, de la mediterraneidad de Bolivia, lógico es que sean conscientes también de la relativa y empequeñecida mediterraneidad de Tacna. Ojalá sea posible promover en el futuro inmediato una reunión con el objetivo específico de analizar este asunto de interés no sólo local o regional sino además nacional.

 Agradezco también la distinción simbolizada por el encargo de que haga uso de la palabra en la reunión de hoy. He aceptado tan grande honor tratando de superar dificultades y deficiencias que afectan mi salud pero no socavan mi voluntad: Vuelvo, como en una romería, a experimentar la emoción de estar en mi terruño. Regreso pues, para escuchar de cerca las voces misteriosas de tantos recuerdos imborrables, envueltos a veces en lágrimas o en sangre; y para encontrarme una vez más, con mis amigos y paisanos. Hacia ellos guardo un afecto que mis muchos años no hacen sino ahondar. Nunca les he pedido nada y nada les pediré en el futuro sino, como ahora, un igualitario cariño fraternal y por encima de cualquier vocinglería, quisiera colaborar con ellos para que tratemos de que se cumplan plenamente los anhelos por el progreso agrícola y urbano, económico y social, educacional, cultural artístico y moral de Tacna.

Fui terco al hurgar desde los dieciséis años en el campo del pasado nacional, sobre todo en la época republicana y esa porfiada tarea fue la razón de ser para mi existencia intelectual, anheloso siempre de no inyectar en los muertos mis pasiones y mis dogmatismos . Dicho período era, entonces, una selva no destrozada que casi nadie se atrevía a transitar. Ahora muchos, dentro de mejores circunstancias y más favorables condiciones, allí cómodamente laboran; y acaso; algunos han olvidado las penurias de antes y los estímulos que pudieron recibir o la semilla o la apertura que en algo les sirvió quizás.

He aprendido que es de veras histórico, únicamente lo que en un sentido fundamental y, de un modo u otro, repercute sobre nuestra época. El presente está repleto de pasado y preñado de porvenir. He aprendido también que en el Perú no hay una unidad geográfica, ni racial, ni lingüística; pero que esta comunidad histórica, que enmarca las vidas de todos nosotros querrámoslo o no, se ha ido haciendo penosamente en una marcha multisecular llena de contradicciones y dentro de una realidad multiétnica y una gran pluralidad de características y dentro de una trayectoria que, en tales o cuales momentos, pudo parecer que florecía y en otras ocasiones, en más de una oportunidad, quedó en honda desolación para luego, a pesar de todo, seguir una vez más. En suma, aunque es tan rico y tan complejo el pasado del Perú, lo que importa sobre todo no es lo que fuimos sino lo que, si, venciendo la inextinguible capacidad nacional para buscar la propia agonía espiritual con el yaraví de la autoflagelación y de la autonegación, o para soplar en el futuro del encono, pudiéramos ser si de veras lo quisiéramos.

 

LA EDUCACIÓN

Durante algunos años se nos ha anunciado el advenimiento de un nuevo hombre peruano para cuya formación se quiso sembrar en el alma de los niños el repudio de nuestra historia. Ella tiene por cierto, luces y sombras con un claroscuro profundamente humano en cuyo panorama hubo desde la penosa frustración hasta la impar nobleza de algunos paradigmas de trabajo o de heroísmo; porque la culpa de los malos no puede extinguir el recuerdo de quienes pensaron o laboraron en esta tierra, ni el de quienes murieron por ella, es decir, no puede secar la vida perenne fuente de riquezas espirituales del Perú mismo. Hoy el objetivo educacional debe ser la formación del ciudadano auténtico; y habría que agregar el objetivo concreto de seleccionar y especializar cuadros de jóvenes capaces sin ninguna discriminación de clase, sobre todo, para estimular en ellos las investigaciones en el campo de las humanidades, de las ciencias y de la tecnología.

Por desgracia, nosotros, los peruanos adultos, ignoramos el deber de estar muy cerca del alma de las nuevas generaciones, seducidas ellas, en muchísimos casos, por la desinformación, por los primarismos imperantes en la televisión, por el cinismo, o por el hechizo de las drogas.

 

LA PATRIA

Soy un peruano más que entiende el sentido de la patria como un conjunto de derechos inalienables y, al mismo tiempo, como un repertorio de deberes a través de una inmensa diversidad de actividades, cada una de las cuales necesita ser compatible con la legítima existencia de todos. Interrogaré, con esa única credencial, si hay un camino viable para el Perú, no en un futuro impreciso, sino en los días y años inmediatos, es decir si existe la factibilidad para que nuestros hijos, los hijos de todos, vivan mejor que nosotros.

¿Quién se atreverá a negar el cáncer del armamentismo que intensifica la existencia del mal en el universo?. No es posible cerrar los ojos ante el hecho de que en ésta época conoce el hombre, por primera vez, la estructura del cosmos en su lejanía tremenda, hasta el extremo de haber detectado el polvo interestelar mientras que, a la vez, sondea las increíbles estructuras microscópicas; ni cabe tampoco ignorar la decadencia de la idea obsoleta acerca de lo que han significado las fronteras entre uno y otros estados, cuando crecen, en nuestro tiempo, día a día, las comunicaciones aéreas y terrestres, la televisión vence todas las distancias y recién empieza a dar todos sus frutos mediante la instantánea transmisión de imágenes e ideas; y cuando además va a surgir, en un futuro no muy lejano, la colonización del espacio por lo cual nos reconvertimos todos en habitantes de la aldea global de que habló Marshall Mc Luhan.

Pero si en el desarme ingresamos, por ahora, solos y confiadamente, sin garantías auténticas para nuestra seguridad ello puede resultar en beneficio de otros y suscitarnos sorpresas desagradables. Que no se nos presente, por ahora, como un ejemplo a imitar el caso de Europa Occidental. Allí ya no hay tensiones fronterizas que sí existen aún en América del Sur. Y Alemania, iniciadora de las guerras de 1914 y 1939, está gobernada por quienes detestan a sus connacionales que entonces tuvieron la lujuria de agredir y destruir. Además, y a pesar de todo, dentro del Mercado Común, sigue manteniéndose cada una de las entidades nacionales. En la asamblea de parlamentarios del Consejo de Europa un destacado estadista acaba de decir: "La vocación europea es unir e integrar a los pueblos europeos según su verdadero genio que es el de la diversidad".

Claro está que nosotros debemos estar dispuestos a la integración subregional y regional y más allá de ambas, cuando llegue el momento y cuando halla sinceridad y autenticidad y de acuerdo con nuestros auténticos intereses y nuestros fundamentales derechos. Anhelamos una América como tierra definitivamente libre, sin guerras fratricidas y sin la explotación del hombre por el hombre pero con lucidez como lo ha dicho hace poco Luis Passara, ante los horizontes supranacionales, sin caer en internacionalismos sumisos e hipotecados a las conveniencias de otros estados, aunque ellos sean super potencias y aunque se llamen socialistas.

 

LA BUROCRACIA

En el libro "Chile 2010", un estudio sobre lo que el país vecino podría ser al cumplir doscientos años de su independencia, publicado por la Universidad Católica de Santiago en 1976, hállase un trabajo de Pablo Hunneus. Llama al Estado inmensa bestia dominada por la manía del control, del centralismo y de la estudiomanía irresoluta. Señala que, para otorgar autorizaciones destinadas a cualquier quehacer, se pierde en trámites menores; y que muchos asuntos demandan por lo menos veintidós aprobaciones y certificados de veintidós oficinas mientras corren y corren los meses. Recuerda los papeleos interminables de una burocracia que carece de normas coherentes y que no tienen un propósito fijo. Aduce también Hunneus que lo hecho por un ministro lo contradice otro, aun en un mismo Gobierno. De esto último tengo dolorosas experiencias personales y muy cerca de una de las más amargas estuvo mi estimado amigo Alejandro Tabini, aquí presente.

Estas críticas y otras pueden ser certeras. No es viable, sin embargo imaginar por ahora, la eliminación del Gobierno. Más bien, es dable tratar de que el poder público no resulte un amo arbitrario sino siempre un servidor eficiente de la colectividad, aunque sea no sólo administrador sino, además, regulador y productor. El mismo Hunneus anuncia para el año 2010, el aceptable funcionamiento en Chile de un nuevo Estado con cuatro áreas de poder: el Poder Político, el Poder Técnico, el Poder Regional y el Poder Judicial. Asimismo propicia, y estoy de acuerdo con él organismos transitorios para objetivos específicos o sea la adhocracia, el funcionarismo limitado a labores por corto plazo.

La adhocracia es una palabra que apareció en el libro de Alvin Toffter FUTURE SHOCK. El Estado empezó en nuestras tierras, con características que Max Weber ha llamado patrimonialistas. Lo cual equivale a decir que el rey gobernó por una gracia especial y permanente a él conferida; y sus servidores de él y sólo de él recibieron la autoridad. Ese concepto, en una u otra forma, en tales o cuales etapas posteriores, en el Siglo XIX o en el Siglo XX, ha reaparecido con intermitencias, a pesar de la Batalla de Ayacucho y de nuestro repudio a Fernando VII.

 

LOS CAMBIOS

La conquista la hicieron los indios porque las divisiones entre ellos o su desconcierto, facilitaron grandemente la aventura de los agresores. La independencia la hicieron, sobre todo, hijos de españoles. A fines del siglo XVII, las clases dirigentes de los virreinatos y las audiencias, en especial los intelectuales, descubrieron que los principios en que se basaba su sociedad la condenaban a la inmovilidad y al atraso; optaron por ir a una doble ruptura: separarse de España y modernizar la América Indoespañola mediante la adopción de las ideas republicanas y democráticas venidas desde Europa y de Estados Unidos. Lograron la emancipación de la metrópoli; pero el ejercicio de los nuevos principios fue parcial o inoperante; y el Perú, como otras zonas del continente, esto ya lo sabemos todos, cambió sus leyes más no sus principales realidades sociales y económicas.

Después, y en medio de varias y gravísimas crisis, el Estado de la República Peruana se ha mantenido incólume. Ya cumplió su sesquicentenario. Algo más, a través del siglo XX, en él se refleja el fenómeno de un crecimiento enorme. Recientemente el profesor estadounidense Ballard Campbell ha criticado los textos de enseñanza de historia de esa nación porque olvidan el pluralismo de la vida en las distintas regiones y porque no otorgan importancia al crecimiento del poder del Estado contemporáneo a través de diversas formas entre las que cabe destacar la política de servicios sociales y de acción gerencial. Allá y aquí en muchos casos, sin que olvidemos las críticas de Hunneus, el Estado ha sido, a pesar de todas sus imperfecciones, agente de modernización; pero todavía no ha sido capaz entre nosotros, no obstante esfuerzos laudables, de modernizarse a sí mismo definitivamente. Sigue funcionando aquí como un híbrido de las modernas burocracias y del estado patrimonialista español de los siglos XVI, XVII y XVIII.

Sostienen los politólogos que las bases características del consenso, factor esencial en los regímenes democráticas modernos, organizados alrededor de la ciudadanía, los partidos, las asociaciones profesionales, gremiales o cívicas de tipo nacional, regional o local, los sindicatos y los grupos de presión con acción interbalanceada, no han ofrecido la normalidad, o la salud, o la continuidad deseable. Hemos tenido, y más de una vez en América Latina, características sólo formales o discontinuas en varias instituciones que debieron ser representativas. Esta realidad, visible con intermitencias podría recibir el nombre de cosmética y se puede desenmascarar el antagonismo que más de una vez, hubo entre los conceptos políticos y culturales sacros para las élites modernizantes de un lado; y, por otra parte, la naturaleza "premoderna" allá en el fondo de nuestras sociedades a las cuales ellos fueron transportados.

 

LA TRONCHA

Paternalismo, patronazgo, personalismo, clientelismo, basados en intercambios de favores o en relaciones de familia o de servicios, suelen extenderse de los pequeños conciliábulos, al manejo de los asuntos generales y en el ámbito provinciano, hacen, en tales o cuales lugares, descollar al patrón o cacique a veces con características de jefe mafioso; y, aunque en los últimos tiempos, haya desaparecido o esté en decadencia el viejo gamonal, acaso en algunos lugares, otros lo han reemplazado.

Es el mundo de la vara, la coima, la mordida, los ayayeros, lo patas, los compadres, los padrinos. Es el mundo que Abelardo Gamarra llamó muchos años atrás, en 1921, de los camaroneros, los expertos en la mamandurria, los que saben hacer guaraguas, los que practican la ranfuña, los que manejan la batuta o el pandero, los gallazos, los que hacen sentir su mascar en el gran charco nacional. No fue por casualidad que Juan de Arona incluyó en su Diccionario de Peruanismos la palabra "Troncha" y recordó que, treinta años antes de él, alguien estampó con letras de molde en el diario más leído de Lima estas palabras: "La Patria es la troncha". "¿Qué sería, -agrega cruelmente-, que sería de los tronchistas si se les quita el Perú?. Tendrían que vegetar en el extranjero como parias o, como los vimos vagar por las calles de Lima durante la ocupación extranjera, como los cómicos en cuaresma". Hasta aquí Juan de Arona.

Las anomalías antedichas se complementan con otras. Aquí puede ser oportuno aludir al cuello del botella de una república donde funcionan tradicionalmente dos dimensiones: la sociedad de consumo visible en las grandes ciudades, en algunas minas, en la industria modernizada o en las haciendas agroexportadoras; y la economía con escaso mercado interior, o de subsistencia en vastos sectores rurales de la sierra, y sin servicios básicos, algo que, a estas alturas de la historia en plena era de los televisores en colores, resulta un contrasentido. En esta última área sin duda, viven muy pocos contribuyentes a la hacienda pública y las capas modernizadas soportan el peso de los impuestos. Pero aún hay una tercera economía, una economía gris o clandestina donde pulula un comercio no detectado y ambulatorio seguramente muy productivo.

 

SIN TECHO

Es cierto que las comarcas antes estancadas, empiezan ahora a renovarse con un ritmo cada vez más acelerado que debemos orientar en sus aspectos positivos. Asimismo cabe mencionar otros obstáculos, para la formación de vigorosos grupos nacionales independientes de industriales, comerciantes, administradores de empresas, profesionales, empleados, obreros o campesinos, por una maraña de distintos factores, entre ellos:

El efecto inhibidor de los enclaves antiguos o modernos como por ejemplo, los de las islas formadas por los anexos de algunas haciendas y minas cuya autosuficiencia coactó los medios de vida en las provincias adyacentes;

La importancia decisiva otorgada a la expansión de las exportaciones tradicionales para la renta del Estado y de los grupos privados, lo cual repercutió sobre el ingreso nacional;

La poca confiabilidad que lleva en sí, hasta ahora el juego de la política;

La inestabilidad o variabilidad en el funcionamiento del Estado, a pesar de las eventuales tendencias de quienes manejan este aparato con enérgicas acciones.

El economista holandés Fritz Wils en su libro "Los Industriales, la Industrialización y el Estado- Nación en el Perú", expresa que desde la independencia, hemos formado aquí una "sociedad sin techo", una sociedad marcada por un Estado económicamente débil. Ya no lo es por supuesto ya que por el contrario, se ha convertido en una entidad económicamente fuerte, sociedad marcada además por un alto grado de privatización del poder público y también por un proceso no bien regulado de penetración extranjera. De ellos surgió históricamente -dice Wils-, una redistribución muy limitada del poder, de las riquezas y de los ingresos.

Algo de especial trascendencia viene a ser la realidad en la que, insisto una vez más, el mercado nacional resultó muy estrecho y que por lo tanto, no logró desarrollarse en forma dinámica y autónoma una poderosa industrialización nativa. Sin discutir ahora en qué medida lo ocurrido en los últimos años atenúa o cambia el diagnóstico de Wils, no cabe duda de que debemos cerrar el techo de la sociedad peruana, pero debemos saber cómo hacerlo. Si no lo conseguimos, lo pagaremos muy caro.

 

LA POBLACIÓN

El panorama se complica con el desmesurado crecimiento de la población. En 1876 el Censo General de la República dio al Perú 2`700.000, habitantes. El censo de 1940 señaló 6`700.000. El Gobierno Militar asumió en 1968 la conducción de 12`700.000. En 1980 dejará más de 17´000. De cada 100 compatriotas de hoy 28 han nacido en estos últimos 11 años. La explosión demográfica es la más formidable de nuestra historia. Lima, ciudad de 223,000 habitantes en 1920 y de 376,000 en 1931 tuvo 620,000 en 1948. El crecimiento capitalino notorio ya en la década de los 940, coincidió con el relativo atraso del sector industrial, y allí estuvo el embrión originario de lo que actualmente se llama el marginalismo urbano.

Ahora viven en la ciudad de los Reyes casi 5`000.000 de personas en total y, de acuerdo con una encuesta hecha en 1968, se encontró que los provincianos -no siempre serranos- llegan al 71.28 % de la población, contra el 28.08 % formado por limeños genuinos. Análogos fenómenos emergen en una no contenida o generalizada orientación hacia el descenso proporcional en el número de quienes están enraizados en el campo y hacia el decrecimiento de la fracción potencialmente productiva de nuestro material humano pues tenemos, por ahora, una insuficiente área de tierra cultivable. Interesa agregar que, según testimonios recientes en Europa de Este los senderos para ir del campo a la ciudad se han ido estrechando, y rige severamente el sistema del pasaporte interior. En la ciudad de Praga desde hace dos años pueden ingresar únicamente los que llegan con un trabajo específico y con seguridades en relación con el domicilio que van a tener.

De los actuales habitantes de Lima, casi 5`000.000 en total, repito, la mitad reside en tugurios del centro o en los pueblos jóvenes, unida al hacinamiento, al desarraigo y a la pobreza. Como ha recordado Luis Millones, ya en 1955 un observador extranjero señaló que en los clubs provincianos de la ciudad escogida por Pizarro se cantaba y bailaba música autóctona sólo cuando el licor desinhibía a los concurrentes.

Ahora, mientras hay quienes creen tener, entre nosotros otra Calcuta, se acentúa el llamado exhibicionismo en la manifestación de los rasgos culturales de los serranos dentro del hábitat metropolitano. Por lo demás, en lo que atañe al grande y complejo problema de la demografía que tiene facetas económicas, educacionales y otras no menos importantes, que se relacionan con la salud, la alimentación, el empleo, el subempleo, etc. es necesario estudiar los documentos de la reunión nacional efectuada en Tarma en junio de 1979, lamentablemente ignorada por todos los medios de comunicación aunque debieron ser ellos comentados y discutidos con máxima amplitud.

La grandeza y vitalidad de un país se basa en la capacidad y en la productividad de su pueblo, que sistemática y periódicamente, deben indicar no manipulados y minuciosos cuadros estadísticos de producción, consumo, circulación y distribución de la riqueza que tomen en cuenta los desniveles creados por las múltiples zonas geográficas y los variados sectores sociales incluyendo, en lo que sea posible, los de la economía gris.

 

LA CULTURA Y LA POLÍTICA

Carece de un significado histórico positivo el hecho de que se mida tan sólo la calidad o el refinamiento de las clases altas de una nación. La Rusia del siglo XIX y comienzos del siglo XX, hundida en su inmensidad geográfica, en el primitivismo de sus masas campesinas, en su medioevo agrario y en su atraso técnico, ofreció, por contraste, una de las más pulidas aristocracias de Europa, como la comprueba el florecer de la literatura y de la música y el nacimiento del maravilloso ballet moderno en el Imperio de los Zares. No es el dinero ni es siquiera la ilustración lo que debe mandar, si están acompañados por el egoísmo, la dejadez, la cobardía o, entre nosotros, el desprecio tradicional al cholo barato y al indio estúpido. "Los puntapiés se hicieron para el indio". "Bestia: te llaman indio" escribió sardónicamente el gran poeta puneño Gamaliel Churata; y es necesario eliminar los motivos para que sean escritas frases como las que acabo de mencionar.

El micro-universo que es un Estado, requiere comando. No es un sentido tiránico o arbitrario, ni tampoco dentro de la sensualidad de gozar de la agradable oportunidad para repartir prebendas a los amigos y marginar sistemáticamente a los enemigos. Hay que atender y doy por descontado que en ello están de acuerdo todos los distinguidos representantes de los partidos que nos acompañan. Hay que entender la política, no como aventura de gente ansiosa sólo de poder personal, o llena de un cinismo bien o mal disimulado y de una magnífica impiedad, o para entretenerse en juegos de engolada o vaga retórica.

Antes bien, y esto lo dice con impunidad, quien mantiene su independencia personal y se jacta de ser un francotirador convicto y confeso, la política es, en su esencia, tarea para ir al descubrimiento y la ordenación del destino nacional con la información necesaria sobre el dédalo de la vida contemporánea y otorgando su debido valor a la economía para ir venciendo, en lo que se pueda, la distancia no sólo de kilómetros geográficos sino de leguas culturales que dividen a los peruanos y para escuchar las aspiraciones y las urgencias latentes en las entrañas del pueblo. No sólo ha sido peruano, también ha ocurrido por ejemplo en España hasta hace poco tiempo, el drama implícito en el hecho de que faltó sentido político en los que debieron tenerlo. ¡Mucho cuidado en relación con esto!.

 

LA ÉTICA

Modelar un pueblo es captar sus aspiraciones en todo lo que tengan de legítimas y sus urgencias en tanto y en cuanto sean perentorias y coordinarlas como en la copa del árbol se corona el ímpetu de la savia germinal. Es lícito anhelar para ese comando una capacidad vigilante, es decir, que no navegue sumiso a los oleajes del azar; equipo formado por hombres y mujeres capaces de comprender a su tiempo, preparados para las jornadas en las que debemos atacar de modo realista nuestro atraso y nuestros desniveles; movilizar espiritualmente a la colectividad y darle la conciencia de su destino, la fe en lo que puede ser y hacer, la mística para ascender en capacidad y en potencia y para ir superando la vida ciega, violenta o rudimentaria, lo cual no implica negar que ha habido aquí hermosas primaveras cívicas y alborozados momentos aurorales.

Para alcanzar nuestra maduración y nuestra modernización efectivas como Estado y como sociedad, es necesario que sean sustancialmente auténticos organismos como el del sufragio liberándolo de los vicios tantas veces reiterados del fraude, la suplantación, el escamoteo o la manipulación en los votos o en los escrutinios. Esto implica, además, la sana coexistencia de los poderes públicos sin que interfieran los unos en los otros; y, sobre todo, la independencia y la austeridad del poder judicial. Y aunque la realidad venga a burlar nuestras esperanzas, alguien debe exigir porfiadamente la dación de un código de ética en el gobierno y de un régimen especial para la sanción contra el delito de enriquecimiento ilícito, a base de jurados honorables e independientes que fallen con criterio de conciencia, a todo lo cual conviene agregar un sistema de sanciones severas, contra los difamadores y los calumniadores.

De la rebelión sistemática contra el enriquecimiento ilícito pueden derivarse fórmulas para controlar distintos tipos de despilfarro y también estímulos para robustecer nuestra moral colectiva disminuida en tantos casos, por múltiples crecientes y hasta impunes evidencias de incumplimiento del deber.

La búsqueda de la autenticidad habría que llevarla en lo posible, a otras esferas, incluyendo los directorios de aquellas entidades -algunas, no todas- donde suelen enquistarse por tiempo indefinido, camarillas o cacicazgos, incluyendo sociedades de tipo profesional, económico o gremial, cooperativas, organismos deportivos o sociales y también sindicatos y comunidades industriales. La vida anómala que un porcentaje de estas entidades ha llevado o lleva, tiene relación con el hecho de que los peruanos de nuestro tiempo han gozado, en escasas ocasiones, del lujo de ejercer en su plenitud el derecho del sufragio; han vivido en años más o menos largos ajenos a él, lo cual ha producido una tendencia fatalista o escéptica o no votar ni aún en las entidades menores.

LA COMUNICACIÓN

En principio, todo el enigma de una modernización efectivamente democrática debe estar resuelto a través de la intercomunicación real entre el Estado y la Nación, entre el hombre y su comunidad local, regional y nacional; y a través de la marcha gradualista hacia una autointegración que nosotros no hemos conseguido aún. Lo cual no implica aceptar la tesis de una nación o naciones oprimidas porque ya, lejos en el tiempo, a comienzos del siglo XVII, el Inca Garcilaso universalizó el nombre "PERU" y lo definió al dedicar un libro inmortal "A los indios, mestizos y criollos del grande y riquísimo Imperio del Perú, su hermano, pariente y paisano". Dijo él textualmente, por lo demás ¿A que se refieren estos mestizos que usan en sus escritos el idioma castellano? ¿A la nacionalidad quechua o a la Aymara? Las zonas respectivas no forman hoy un todo geográfico como puede ser por ejemplo el país vasco. El quechua hablado en la sierra del sur no lo entienden bien quienes hablan quechua en el centro o en el norte andino o viceversa y en ninguno de esos idiomas tan respetables por los demás, tan admirables en muchos sentidos no hay palabras que denominen cosas o ideas de la ciencia o de la técnica modernas.

Estas afirmaciones no esconden una actitud conformista o reaccionaria. Alienta en ellas el reclamo para que surjan procesos de reflexión y de práctica no con el objetivo de dividir o fragmentar en un calco de ideas que vienen de otras partes del mundo, sino dentro de la finalidad de buscar pensamientos originales, creativos y críticos con una decisión quirúrgica frente a la problemática nacional.

Los adelantos en los campos sociales, económicos y políticos no se generan de modo mecánico, ni en forma rápida o absoluta. El rumbo no es siempre hacia adelante, pues hay o pueden haber rodeos o retrocesos.

Quizás surjan períodos, más o menos largos, dentro de los que aparezca un cuadro de desintegración, al lado de tales o cuales señales de modernización. De ello puede resultar que la fuerza vital de la sociedad se ponga a prueba al chocar entre sí los valores modernos positivos y las malas excrecencias tradicionales o no; y, además, el influjo de las grandes tempestades ideológicas de nuestro tiempo. Signos alentadores deberán estar en el aprendizaje de una capacidad de diálogo que es siempre civilizadora y que propende a que, los de arriba y los de abajo, eviten o atenúen la cólera, los traumas, los irracionalismos, el desorden mental tan generalizados en estos días, para ir al estudio lúcido u objetivo de los problemas grandes o chicos y a la búsqueda de sus soluciones, si ellas son viables o equitativas. Esto, naturalmente, cuando no funcionan las consignas y las prepotencias.

 

LA CULTURA

Gran significación tiene, para la mayor movilidad social, la llegada al éxito de hombres y mujeres cuyas credenciales no estén asociadas al apellido o a la herencia o a la influencia, sino al talento y al trabajo. Ello debe coincidir con la diversificación y la especialización en campos económicos, administrativos, profesionales, empresariales o laborales que en el país no existieron antes o funcionan en forma mediocre, si bien dichas fallas pueden ser eliminadas con estudios y prácticas aquí, o lo que es todavía mejor, en el extranjero siempre y cuando no impliquen el desarraigamiento o la pérdida de contacto con el quehacer nacional.

Hay que devolver a la cultura, que constantemente tiende a degenerar en mercenario oficio, o en despreciado, humillado y mal pagado menester; o en trabajo de bárbaros especializados, su natural jerarquía y su misión de forjar la imagen del ser humano auténtico en función de nuestro tiempo. Ni al narcisismo orgulloso ni a la chata mediocridad de los comederos ni al anárquico frenesí deben ir el hombre o la mujer cultos de nuestro tiempo, sino al desarrollo cualitativo con integridad y a la vez flexibilidad mental; mentes libres y capaces de investigar sin perder el respeto a la realidad y que, dentro de su propio ámbito sean sensibles a las angustias colectivas cuyo clamor sería suicida desoír.

Jamás debe repetirse el caso de gentes aptas y de trabajo que tuvieron que emigrar a Venezuela o a otras partes porque aquí no hallaron cabida aunque hubiesen podido ser utilísimas. Del mismo modo, hay que tratar de evitar la proliferación de quienes, estando dotados de inteligencia, se perdieron en las grandes o pequeñas ferias de la ociosidad, del desencanto o del cinismo. Como una vacuna eficaz y como una norma para una tabla de valores que tanta falta hace, conviene recordar todos los días esta frase de Bolívar: "El talento sin probidad es el azote de América". Modernizar definitivamente el Estado y la colectividad implica en suma, una ruptura con las comodidades de un quietismo fácil, para crear la conciencia de ser y de ir lúcidamente a hacer las cosas con nuestras cabezas y nuestras manos dentro de la finalidad de llegar a un modelo de crecimiento racional y claramente orientado no hacia el beneficio de los menos sino hacia el beneficio de los más.

 

PLANTEAMIENTOS

De lo que se trata es de abandonar tesis apriorísticas, generalizaciones fáciles, concepciones prefabricadas para examinar las complejidades de la realidad. Si por ejemplo, se va analizar la Reforma Agraria -recordemos de paso, que Theodore Schultz, Premio Nobel 1979 en economía-, ha aconsejado a las naciones en vías de desarrollo, otorgar atención especial a la agricultura. Habría que hacer investigaciones minuciosas sobre temas como la producción real, las características de cada zona, la diferencia de clases entre los distintos trabajadores rurales, las relaciones económicas en funcionamiento, la existencia o no existencia de ganancias efectivas; e ir además al estudio sobre la marcha de los productos al mercado para buscar las mejores vías de comunicación y para evitar innecesarios desperdicios o nocivos intermediarios.

Dentro de un nivel más panorámico, conviene discutir en qué medida y hasta qué punto es válida o aplicable en el Perú la tesis del inglés Michael Linton en su polémico libro "Por qué la gente sigue siendo pobre: un estudio sobre el prejuicio urbano en el desarrollo mundial", en el sentido de que los sectores rurales albergan en el mundo no industrializado la mayor parte de la pobreza y la mayor proporción de los elementos de bajo costo para su avance potencial, mientras que en la ciudad están la articulación, la organización y el poder, gracias a los cuales el proceso de desarrollo resulta algo demasiado lento y a la vez injusto o desigual. Hasta aquí la tesis de Linton. En el sector reformado peruano habría que examinar las causas del curioso espectáculo dentro del cual los campesinos suelen invadir las tierras de sus propias SAIS; ¿Por qué surge la descapitalización del agro? A través de mecanismos tales como la deuda agraria, una tributación desproporcionada, el déficit creciente en la producción alimenticia y agro industrial, la escasez de créditos, o las dificultades u omisiones para la transferencia de tecnología. Habría que ver también cómo suele aparecer a veces ante los ojos de los campesinos la intervención del Estado en una imagen igual o peor que la de los antiguos hacendados.

Para la búsqueda de soluciones relacionadas con nuestra vida colectiva no estamos propiciando una rígida, opresora, vertical planificación sino planteamientos sólidos sistemáticos, orgánicos, experimentales, flexibles. Es decir un proyecto abierto, surgido de la vida local o regional y ensamblado nacionalmente lejos de esas apretadas camisas de fuerza aptas para reformar nuestra personalidad colectiva y para pisotear derechos e intereses legítimos, esquemas urdidos verticalmente y entre cuatro paredes, cuya definición hizo en México hace mucho tiempo Antonio Caso al hablar de las imitaciones extralógicas.

SABER PENSAR

En general, al encarar los asuntos de interés colectivo surge la necesidad de un considerable aumento en el nivel de la autoexigencia para cada uno de nosotros. Ello implica el rechazo de la mentira y de ese otro mal tan difundido que es la información deformada. Aquí resulta oportuno proclamar la necesidad de una apertura a la noticia y al comentario amplios; es decir, la necesidad de la prensa verdaderamente libre. Si no la tuviéramos en los días que se avecinan, habría que recordar la propuesta de Bertrand Rusell para establecer escuelas donde se enseñe a leer con incredulidad los periódicos y al decir esto no ofendo sino exalto a los periodistas auténticos y dignos de esa nobilísima perfección.

Miremos al tiempo presente y miremos también al futuro. Alguien ha dicho que lo que acabó con el dinosaurio fue el tamaño mal administrado. Se quedó indolentemente donde estaba, en vez de dirigirse con energía a donde pudiera sobrevivir. El drama aquí, como el de miles de especies extintas, no fue la ausencia de agilidad física sino de capacidad mental, la capacidad para elegir correctamente las condiciones para la supervivencia y autosuperación.

Insistimos en que hay que estudiar cuidadosamente al Perú mismo para cambiarlo pronto, en lo que sea dable; y también para reafirmar en él las buenas cosas de hoy y de ayer. No estamos pensando en que súbitamente todos nos vamos a volver perfectos. Estamos hablando sólo de cosas concretas que un marino llamaría aprender a leer en la brújula y a manejar el timón. No se trata sino de llevar, en lo que sea posible a la realidad, algo que Walter Lippman dijo en 1943: "Este es el verdadero camino de la grandeza", escribió. Y añadió enseguida: "en los momentos supremos de la historia palabras como deber, verdad, justicia y caridad, que en nuestros oscuros tiempos son palabras huecas, deben servir como medida para cualquier importante decisión. Nosotros nos portamos como si las hubiésemos olvidado. Parece que sintiéramos vergüenza de pronunciarlas o de vivirlas, en parte porque temblamos ante los chistes de los filisteos pero, sobre todo, porque son remotas a nuestro sentir habitual. Buscamos ser muy astutos, muy inteligentes, muy calculadores cuando la gente ansiosa y sufrida lo que nos pide solamente es que practiquemos las virtudes elementales y que demos nuestra adhesión a las verdades eternas. Ellas pueden guiarnos en medio de los laberintos de estos días. El camino recto y derecho es el más corto y el más seguro". Hasta aquí Walter Lippmann.

 

FE Y ESPERANZA

Una comunidad histórica que, como ésta, tiene el tesoro multisecular de sus variadísimas artes populares, a pesar de condenables abandonos seculares y de algunas falsificaciones arteras, y ha erigido Cusco y Machu Picchu cuyas piedras no parecen antiguas sino eternas y ha construido además Arequipa y la ha sabido restaurar, no puede ser una tierra maldita. Notoriamente, entre nosotros en el campo de la creación literaria y de las artes plásticas, en determinados ámbitos científicos y técnicos, en algunos sectores económicos y en algunos islotes académicos, en medio de la pavorosa crisis universitaria, hay ahora grupos, sobre todo jóvenes exponentes que nos devuelven la fe en la factibilidad de nuestra gente; lo cual nos alienta en el anhelo de que esas realizaciones se efectúen igualmente, tarde o temprano en el campo de una definitiva organización de la vida nacional, no en aras de un ídolo de barro miserable o de un engaño monstruoso. Durante cincuenta años, tantos tacneños y tantos ariqueños se sacrificaron por este dulce y cruel Perú en el que entonces, como ahora, habían notorias lacras.

La esperanza más honda es la que nace del fondo mismo de la desesperación. Lo dice quien en la juventud soñó ver en los años finales de su vida , otra patria muy distinta de la que hoy tenemos todos ante nuestros ojos; quien mirando el porvenir inmediato piensa que se requiere cordura, lucidez y la superación de los viejos vicios de la lucha política criolla, que son el faccionalismo, la aptitud para el dicterio, el atolondramiento. Tal esperanza, real o quimérica y lo que ella entraña en su complejidad, en sus dificultades, en sus contradicciones, en sus alternativas, será el tema concreto para el intercambio fecundo de divergentes criterios desde el día de mañana hasta el domingo en sucesivos documentos previos, exposiciones y debates a cargo de especialistas dotados, por cierto de mucha más capacidad y de mucha más autoridad que yo. Las contribuciones antedichas serán enunciadas en esta ciudad, de añejo blasón -pero blasón democrático- uno de cuyos ornamentos son las insurrecciones patriotas de 1811 y 1813, movilizaciones colectivas precursoras entre cuyas figuras directivas y entre cuyos protagonistas no solamente figuraron hijos de españoles sino también, de igual a igual, mestizos e indios simbolizados por los Ara y los Copaja y sus amigos. Ojalá los múltiples y valiosos aportes de CADE 79 aquí reunida, pese al carácter sintético de sus enunciados, inevitable a causa de las limitaciones del tiempo, sean útiles, constructivos, tonificantes.


 

 

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Última modificación: 30 de April de 2006