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PALABRAS DEL ESCRITOR TACNEÑO DON FREDY GAMBETTA PRONUNCIADAS EN EL AEROPUERTO OFRECIENDO LA BIENVENIDA A LA LLEGADA DE LOS RESTOS MORTALES DEL HISTORIADOR DE LA REPÚBLICA DOCTOR JORGE BASADRE, SEÑORA ISABEL AYULO DE BASADRE Y SEÑORA OLGA GROHMANN DE BASADRE, EL LUNES 28 DE JUNIO DE 2004
Qué inmenso honor y que grande la responsabilidad que se me ha encomendado, en este día histórico, para nuestra Heroica Ciudad, en que el corazón de Tacna se enciende y abre para recibir a uno de sus hijos más ilustres y queridos.
Aquí estamos doctor Basadre sus hermanos menores, como nos pedía que le llamáramos, “haciendo flamear el pendón tacneño a pesar de todo y de todos. O de casi todos”, cumpliendo su encargo, asumido como un mandamiento sagrado, en cada minuto, en cada hora de nuestras vidas.
Aquí estamos al pie de la nave que lo trae de Lima como ayer, tantas veces, en silencio y sin fanfarrias, como usted nos pedía, lo viniéramos a esperar en sus visitas a esta su ciudad natal acompañado de la señora Isabel, su amada esposa, a quien hoy recibimos para que, confundida con los muertos queridos, arrullada por el dulce Caplina y aromado su espíritu, por las buganvillas, duerma su más hermoso sueño tacneño.
Fallecido su padre, usted, de la mano de su buena madre, Olga, partió a la capital con sus hermanos en 1912, expulsado de Tacna, cuando ya no era posible soportar más los rigores del cautiverio. Dejaba su infancia rota, los amigos primeros, los cuentos recontados al pie de la destiladera en la casona paterna, el perfume de los huertos tacneños, el olor de las frutas y del pan, los paseos por la Alameda, la presencia de la cordillera y de sus cumbres nevadas, el abrigo del Arunta y del Intiorko.
Y hoy, querido doctor, trae usted de la mano, en una bella sinfonía de espíritus enlazados, que todos en esta tarde percibimos, a su amorosa madre para que juntos reposen en la tierra libre, eternamente peruana, en la que ella, tan patriota, tan peruana, no pudo volver a ver flamear orgullosa la bandera roja y blanca que nos inflama y nos mantiene, siempre altivos, a los hijos de esta nuestra Tacna.
Dentro de algunos minutos iremos juntos a recorrer nuevamente la Alameda Bolognesi. Aquella amplia avenida que todo el año luce florida. Allí estará todavía la casita con mojinete, esperándolo. La casita en la que usted anhelaba cerrar los ojos. Tal vez mañana un monumento con su efigie, en la primera cuadra de ese grandioso paseo, lo incorpore para siempre al urbano paisaje.
Después nos dirigiremos a su casa. La casa que, cuando venía usted a Tacna, veía desde afuera, en silencio, pero con una honda tristeza que se reflejaba en su mirada. Cuántos recuerdos volverían entonces a su mente. Tal vez vería a su madre, a sus hermanos, a la tía Luisa, que lo engreía, que fue para usted casi como una segunda madre y que, como usted me escribiera en una carta, “vive en Tacna aunque salió de allá en 1912”. Y también acudirían a su mente los días de duelo familiar o el ruido de las turbas que apedrearon la casona para tratar, vanamente, de doblegar la irrenunciable peruanidad de tan ilustre familia.
Esa su casa que verla casi en ruinas, por tantos años, fue para los tacneños un baldón. Hoy no es frecuente que se cumplan las promesas que se formulan en medio del entusiasmo momentáneo o del aplauso pasajero. Sin embargo los buenos tacneños, que no distinguimos colores ni banderas políticas, nos sentimos contentos de que la casona haya sido restaurada por el Gobierno Regional que le ha devuelto su solera, su antigua personalidad, para perpetuar, en sus cálidos ambientes, la memoria del más grande hijo de Tacna, nacido en el siglo XX.
Después vendrá la vigilia del pueblo de Tacna y al día siguiente, querido doctor Basadre, le rendirán homenaje, como usted hubiera deseado, los niños y los jóvenes de Tacna, que son el futuro. Pocas veces lo vimos a usted tan feliz, y así nos lo hizo saber, que cuando fue acompañado por jóvenes estudiantes a izar el pabellón nacional en nuestra Plaza de Armas. Mañana esos momentos se repetirán.
Y después de los homenajes, de los discursos oficiales, de la presencia del pueblo, de sus paisanos, de todas las edades, que seguirán el cortejo hasta el cementerio usted, finalmente, reposará, en el corazón encendido, de esta tierra dos veces peruana, cerca de los mausoleos del sabio Francisco de Paula Gonzáles Vigil, el más grande tacneño del siglo XIX y del poeta Federico Barreto, el Cantor del Cautiverio. Desde ese instante, querido Maestro, los tacneños, como en la antigua y grande Grecia, tendremos tres hitos, tres faros, tres santos lugares a los cuales recurrir, en romería, para iniciar las más altas empresas, las grandes campañas, que tengan como único objetivo la grandeza de nuestra Tacna y de la patria amada.
Así como en 1925 usted arribara a Tacna, después de trece años de ausencia, integrando la Comisión Plebiscitaria, para bregar por la peruanidad de Tacna y Arica, escribir en el semanario JUSTICIA ¡ y, junto a otro ilustre tacneño, el doctor José Jiménez Borja, publicar EL ALMA DE TACNA, su primigenia obra; así como en 1931, llegara a la Tacna liberada para postular como su representante; así como en 1958, nos visitara, como Ministro de Educación para poner en marcha las obras que entregó a su ciudad, la Biblioteca y Museo; la Escuela Normal de Varones; el Instituto de Comercio y el Instituto Agropecuario y dejar constancia, en su tierra, que no le dejaron crear la Universidad. Así, como en esas ocasiones, y en los viajes que se multiplicaron a partir de 1972, año en el que tuvimos el honor de conocerlo, hoy usted vuelve. Vuelve, para quedarse. Vuelve para sentir el rumor del Caplina, eterno como su alma. Vuelve para acompañarnos y para esperarnos cuando, como a todos los mortales, nos llegue la hora de partir.
Bienvenida señora Chabuca, bienvenida señora Olga. Bienvenido a su Tacna eterna, doctor Jorge Basadre Grohmann.
MUCHAS GRACIAS
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